En los últimos veinte años las tecnologías de la información y comunicación (TIC) han causado cambios importantes en varios ámbitos de la vida del ciudadano. Las redes de computadoras y el Internet permiten el intercambio de gran diversidad de fuentes de información (datos, voz, imágenes, música, videos, etc.) que pueden ser usadas por diferentes aplicaciones que van desde el esparcimiento, hasta el desarrollo emprendedor, pasando por el cuidado de la salud, la educación y la participación ciudadana. Hoy en día, la gran mayoría de las actividades profesionales, demanda el uso estratégico de alguna forma de tecnología de información y comunicación. A nivel personal y doméstico, el impacto de las TIC es visible en la cotidiana presencia de la telefonía móvil, de la incorporación de juegos digitales a las formas de entretenimiento en el hogar y del acceso a computadoras e Internet. Estos cambios son facilitados por la presencia de una red e infraestructura de comunicaciones que por la naturaleza del fenómeno tiene que crecer y proveer un mayor ancho de banda, mayor seguridad y la posibilidad de acceso a través de dispositivos móviles, así como nuevas formas de cómputo pervasivo y ubicuo.

En México, de acuerdo al Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI), en Mayo de 2009, se calcula un total de 27.6 millones de usuarios de Internet, reflejando un crecimiento del 16.4% en relación con el año anterior, con 40% accediendo a la red desde su hogar. Se reporta además que la mayoría de usuarios (22.7 millones) habitan en zonas urbanas y el resto (4.9) en zonas rurales. Estos reportes indican que el acceso es balanceado en términos de género (56% hombres, y 44% mujeres), y que el uso del Internet tiende a democratizarse, ya que tiene una cobertura más amplia en todos los niveles socio‐económicos y todos los sectores de la población.

La disponibilidad de la información y el acceso a las TIC, no es sin embargo, sinónimo de facilidad de acceso o uso universal. Existen restricciones de tipo educativo, tecnológico, cultural, social y económico. El objetivo de este reto de investigación en TIC para México, es disminuir (reducir, anular) estas barreras, diseñando e implementando sistemas, herramientas, modelos, métodos, procedimientos y teorías que permitan ofrecer al ciudadano mexicano, servicios basados en conocimiento, para atender sus necesidades de información, de acuerdo a su contexto y situación individual.

Los ciudadanos, organizaciones y comunidades pueden beneficiarse de la integración de diversas y múltiples fuentes de información y conocimiento que se traducen en servicios de apoyo adecuados a su contexto para resolver necesidades y problemas específicos. Esta adaptación al contexto considera el perfil de quien solicita el servicio y los medios con que cuenta para solicitarlo.

Los servicios basados en conocimiento, deberán ser accesibles para todos los mexicanos, independientemente de su nivel educativo, cultural, social o económico. Dicho acceso debe ser universal y participativo, de manera que los ciudadanos no serán usuarios pasivos que reciben el conocimiento, sino que también, deben poder participar en la generación, construcción y transformación del conocimiento. Este modelo de participación activa, en donde el contenido es generado por los usuarios, es la base del crecimiento que experimentan las TIC hoy en día. Servicios populares como que permiten compartir videos (ej.,YouTube), fuentes de información (ej. Wikipedia) o innovación abierta (ej. Innocentive) son ejemplos donde las nuevas características de la tecnología (compresión de video, ancho de banda, plataformas interactivas, etc.) han permitido una participación libre, activa y con resultados insospechados.

A pesar del aumento de la cobertura del sistema educativo durante las últimas décadas, ofrecer servicios basados en conocimiento a todos los ciudadanos mexicanos, es un reto que adopta grandes proporciones, ya que el analfabetismo y el analfabetismo funcional siguen siendo problemas relevantes y urgentes para la cohesión de nuestra sociedad. Por esta razón, el gobierno, las universidades, los centros de investigación y las empresas, deben buscar de manera conjunta, soluciones tecnológicas, de impacto social, que contribuyan a disminuir las diferencias de oportunidades en nuestra sociedad mexicana, incrementando las opciones de acceso a la información y al conocimiento.